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El plan perfecto

En la escena había un policía.
Nada era claro para los testigos, en esa escena había un homicida y dos cuerpos.

El calendario en el escritorio marcaba, detrás de una salpicadura de sangre, 13 de septiembre.Imagen

Ese mismo calendario marcaba 2 de Julio la noche que se reunieron Schoaler y Ferreira para planear el golpe.
El plan era simple, entrarían a la financiera para hacer un depósito generoso, lo que aseguraría la atención del gerente y el tesorero, para que al momento de entrar a la bóveda, Pancuca, su cómplice, que trabajaba como seguridad, los ayudaría a encerrar en esa misma bóveda al personal y llevarse una suma muy importante que debería depositarse minutos antes de que ellos entraran.
No era la primera vez que lograban salir bien. Los planes de Schoaler no dejaban nada sin contemplar y sus vinculaciones ayudaban a tener todo preparado, pero esa vez, un pequeño detalle se le escapó.
-¿Pancuca salió? -Preguntó Ferreira agitado.
-Quedate piola -Contestó Schoaler muy seguro- ya está todo arreglado, no vamos a saber nada de él por unos cuantos meses.
-Pobre gordo, por más guita que se lleve, tiene que desaparecer, fue el único al que le vieron la cara.
-¿Que querías?¿ Que se pusiera una media en la cabeza? Por más que se tape la cara o se ponga una careta de Marilyn esa panza es inconfundible. Aparte ya te dije, está todo arreglado.
-Si, siempre está todo arreglado -dijo Ferreira sin levantar la vista del bolso donde acomodaban el dinero.
-¿Que pasa?¿Estás arrepintiéndote de algo?
-¿Estás loco? Con esta guita no hay arrepentimiento posible.
-Entonces metele y hacé lo tuyo, dejás tu auto en tu casa, te tomás un taxi a cualquier lado, cambias dos o tres veces y te internás en esa estancia por un buen tiempo.
Así fue que Ferreira salio a cumplir la última parte del plan. Tomó un taxi en dirección opuesta al destino final y bajó en una plaza al azar con su bolso al hombro. Pensaba cruzarla caminando y en el otro extremo tomar otro taxi.
Era una tarde de primavera a pleno sol y el paisaje bien podría formar parte de una postal. Decidió sentarse en un banco de esa plaza, sin recordar la cantidad de dinero que tenía en ese bolso. Relajado a la sombra de esos árboles, se dio cuenta que nunca había estado en esa parte de las a fueras de la ciudad. Miró a su alrededor y se aseguró de que nadie lo viera, entonces se quitó la campera negra que tenía cerrada hasta el cuello y la tiró entre los arbustos. Debajo tenía una camiseta de fútbol del club Huracán, el eterno rival de su amado San Lorenzo de Almagro. Se colocó una gorra también blanca y cambió sus zapatos por zapatillas claras.
Ya listo para salir a buscar otro taxi, tomó su bolso, se puso de pie y vio algo que lo detuvo. Volvió a sentarse, bajó la visera de la gorra, puso el bolso debajo del banco y seguía con la vista un auto que circulaba detrás de los árboles.
Conocía ese auto. Conocía a la mujer que lo manejaba. Era su mujer y debería estar a miles de kilómetros cuidando a su madre.
Su corazón estaba tanto o más agitado que en pleno atraco. El auto daba vueltas lentamente alrededor de la frondosa plaza y su cabeza también, tratando de entender qué hacía ella en ese lugar.
No podía estar buscándolo porque nadie sabía que él planeaba estar ahí. Ni siquiera él planeaba estar ahí. La noche anterior habían estado hablando por teléfono y no era posible que llegara tan pronto. En ese momento un auto negro se detiene en una de las esquinas y el auto de su mujer se detiene detrás. Un hombre baja del auto negro y no necesitó esforzarse para identificarlo. Su socio Schoaler subió al auto de su mujer y se alejaron pasando al frente suyo.
Su cabeza estaba en ebullición de ideas y posibilidades. Pensó en seguirlos, pero al instante la descartó y con la mirada fija al frente se encaminó hasta la calle a buscar un taxi.
Durante todo el trayecto no parpadeó. Buscaba las pistas en sus recuerdos, no podía entender que a un sargento de investigaciones se le pasaran por alto frente a sus ojos las evidencias de semejante cama.
Bajó esta vez en el puerto, muy lejos de donde pensaba ir en un principio. Seguramente lo estarían esperando en la estancia para liquidarlo. Schoaler no es un simple ratero, nunca deja pistas y no sería el primer socio que liquida.
Tratando de pensar como su socio, imagina que lo esperado sería que fuese a esa estancia, se mantuviera alejado de todo contacto por más de un mes y eso le daría el tiempo perfecto para desaparecer con su mujer. Pero la plata. No puede ser que dejara que la mitad de lo robado se quedara en manos de otro. Schoaler no es así. Seguramente alguien estaría esperándolo en la estancia para matarlo y llevarse el dinero.
Algo es seguro. Hay un lugar donde no deberían volver ninguno de los dos y ese es la oficina donde planearon todo. Aunque no dejaron ningún rastro, es probable que desde un principio su socio hubiese preparado algo más, algo que lo incriminara.
Sin pensarlo dos veces, salió rumbo a la oficina.
No había ningún plan elaborado, simplemente quería revisar ese lugar buscando respuestas. Trataba de pensar en frío pero no lograba calmar su ansiedad y al momento de doblar en la esquina de esa oficina, otro baldazo. El auto de su mujer estaba en la puerta.
Bajó del taxi, entró al edificio y mientras subía la escalera sacó la Pietro Beretta 9mm. Abrió la puerta con violencia y aunque esperaba encontrarlos a su mujer y su socio, solo estaba Schoaler sentado pálido frente a la ventana.
-¡Basura, lo tenías todo bien pensado, como siempre! -Dijo Ferreira con los dientes apretados y apuntándole a su socio.
-No hermano, nos cagaron, esta vez la hicieron muy bien -llegó a decir Schoaler con voz entrecortada mientras un hilo de sangre le corría por la boca.
-¿Pero quié…?
Ferreira no terminó de preguntarle cuando una bala le perforó la sien.
-Te felicito gordo. Fue lo último que logró decir Schoaler antes de morir.
El asesino limpió su pistola con mucha tranquilidad y la colocó en la mano del cadáver de Schoaler. Bajó las escalera con el bolso de dinero de su víctima y subió al auto donde la mujer de Ferreira lo esperaba con una gran sonrisa.
-¿Salió todo bien? -preguntó ella.
-Casi perfecto -dijo Pancuca, mientras acomodaba el bolso junto al otro en el asiento de atrás.

*Esto ya fue publicado en 2009
La entrada original y sus comentarios acá

marzo 19, 2012 Posted by | alguna vez escribi..., Cuentos | Deja un comentario

El capitalismo hace más que usarnos

noviembre 8, 2009 Posted by | Uncategorized | , | Deja un comentario

Exceso de prevención?

En el devenir de nuestras sociedades vamos acumulando experiencia, conocimiento y también miedos.

Es normal tener miedo y es más fuerte cuando uno conoce poco sobre la causa. Por eso es que en cuestión de salud uno es especialmente cuidadoso, y pareciera que es mejor echar mano a todas las herramientas al alcance para prevenir enfermedades.

En este video el Dr. Juan Gérvas expone el peligro de la prevención. Aunque parezca paradójico, él nos muestra, en un lenguaje bastante coloquial, que deberíamos replantear algunas costumbres en esa materia.

Quiero aclarar que la salud no es mi especialidad, lo mío es la tecnología, pero soy Técnico en Producción de Agroalimentos y el tema salud me interesa como a todos. Silvano Baztán sí es médico y tiene en su blog mucho más que noticias sobre medicina, es un blog sobre salud que es digno de leerse.

mayo 17, 2009 Posted by | Algo al pasar, Salud | Deja un comentario

Viajar es un placer

Salir con la familia es un placer del que no podemos escapar.

Sólo un pequeño detalle, mi mujer se pone algo nerviosa con los preparativos, es algo que por mas que lo analice y lo charlemos no tiene solución, una salida que debería ser feliz suele comenzar con cada uno mirando hacia afuera por su ventanilla, al menos los primeros Km nadie se habla. Y es lo mejor, seguir discutiendo seria peor.

Pasados 20 o 30 Km me animo a abrir la boca.

-Cuando te pregunto si estaba todo, no era para apurarte, solo para saber si había que hacer algo. Para que… No se le había pasado, estaba acumulando presión esperando que al hablarle le sacara la tapa. Pero está bien, tengo que confiar en ella, si dice que está todo está todo.

-¿Querés mate? me pregunta, dando clara señal de haberse tranquilizado y querer pasar el resto del viaje en total armonía.

-Si, preparalo cuando quieras. Para mis adentros pensaba, espero que tenga todo a mano y no me venga con que tengo que parar porque dejó las cosas en el baúl. Ya había ella encendido la radio, otra muestra de querer traer paz a la travesía, pero revolvía entre las cosas haciendo cada vez mas ruido, la cara cada vez mas parecida a la de los primeros Km.

-¿Te olvidaste la bombilla?Se me ocurre intervenir.

-No la bombilla la tengo acá, no ves? Me olvidé el mate.

Por supuesto la culpa debía ser mía por apurarla o por haber nacido en año bisiesto.

-No te hagas drama, cuando paremos en Pringles compramos uno. Es así que tenemos una colección de mates con el nombre del lugar de donde proceden. De atrás suena la pregunta que mas feliz deja al conductor.

-¿Cuánto falta pa? -Recién hicimos 30 Km, falta mucho, dormite. Ese comentario fue suficiente para originar una batalla en el asiento trasero, porque no hay lugar para que dos hijas duerman en un asiento. Por suerte mi mujer intervino, así que ya no eran dos gritos estridentes en mi nuca, ahora había otro en mi oreja derecha. Pero el pasar de los Km va calmando los ánimos y durmiendo a los hijos y se va haciendo desear el nuevo destino. Una playa paradisiaca, de anchas playas, tupidos bosques de pino y mucha paz, lejos de los centros turísticos que se abarrotan de gente. Llegamos, bajamos, en una inspiración tragué todo el aroma a mar y perfume a pino de aquel privilegiado paraje del sus de Bs As.

-¿Esto es?No me gusta. Acá no hay nada. Es lo primero que dijo mi mujer mostrando todo su tacto.

-Esperá que veas la playa, es hermosa. Le dije mientras pensaba que había demasiados testigos para matarla en el camping. Porque fuimos de camping. A la naturaleza hay que disfrutarla pisando la tierra. Después de buscar un buen lugar y bajar todas las cosas me dispuse a armar la carpa, una maravilla que solo ocupa el lugar de unos palos de golf y que una vez armada es casi una habitación de hotel. Solo la usamos una vez y la segunda la llevó mi hija mayor en una excursión con los Scouts. Debió ser ahí que perdieron la bolsita con todas las estacas. Pero no era el fin del mundo, conseguí un trozo de varilla de hiero que después de cortarla con una sierrita de mano y doblarla con el mango de la pala de camping cumplieron con su cometido. Por suerte no llovió demasiado, a la tarde paró y pudimos salir del auto. fuimos a buscar algo para comer y como era día de semana solo encontramos abierto un almacén. La única pizzería abre los fines de semana. Pero comer unos sándwichs de fiambre dentro de la carpa es parte del ritual de salir de camping. Por suerte somos todos delgados, nos acomodamos de sobra para dormir en la carpa y me trajo recuerdos de mis vacaciones de chico en Entre Ríos, donde se oía el río y las ranas en la noche. Acá lo que oía era un mosquito que me torturó por horas zumbando en el oído. Nunca deseé con tantas ganas que me picara, las veces que fuese necesario para que deje de molestarme en el oído. Pero no, la solución fue taparme dejando sólo una oreja fuera y la mano derecha lista, asi en cuanto pasara por mi oído le daba el manotazo. Después del primer manotazo en el oído ya no escuchaba ni al mosquito, era solo un zumbido constante, así que me dormí. A la mañana todo se ve diferente, había sol, hacia calor, estaba todo listo para disfrutar la playa y yo me levanté antes que nadie a preparar mi equipo de pesca. Hacía mucho que no salia de pesca al mar. A sólo 4 cuadras estaba esa playa imponente y nosotros acomodando sombrilla, heladerita, reposera además de mis cañas. A ella no le gusta la pesca pero se puso a tomar sol y yo feliz con mis cosas a una distancia donde pudiera haceme como que no la escucho. Hacía tanto que no pescaba en el mar que no recordaba ni como encarnar pero a base de pruebas se pasa el tiempo y uno se olvida de todos los problemas. Se acercó un chico en bicicleta muy simpático que era nativo de ese lugar y nos pusimos a charlar.

-Que suerte tenés en vivir acá nene, esto es un paraíso. Le dije al pibe. Mientras tiraba la línea al mar. ¿Salen corvinas acá?

– Si corvinas y pescadillas hay muchas, cuando salen salen muchas.

-¿Y sabes si se está sacando? -Hasta ayer si, pero cambió la luna anoche, ahora no va a salir nada. -Huy.¿Y cuando vuelve la luna buena?

-Dentro de dos semanas. Me dice el nene mientras mi sonrisa se esfumaba.

-Pero algo saldrá. Dije yo con un resto de optimismo.

-No, de costa nada, la única forma es embarcarse, pero el lanchero no esta en la semana, viene sábado y domingo.

Pero yo estaba de vacaciones, no me importa si un nene mandado por el enemigo quería deprimirme así que me quede firme con mi caña en la playa. Para el mediodía estaba todo quemado y de un solo lado, ya no tenía ganas ni de pescar, ni de dormir de nuevo en esa carpa llena de migas y mosquitos. Jugamos un rato en el mar con las nenas, aunque la chiquita le tenía miedo a las olas y se la pasó a los gritos, después nos pusimos a juntar piedras de formas curiosas para la pecera y para la tarde ya teníamos todo sobre el auto para , de común acuerdo, volver a casa. Como el mar cansa, todos venían durmiendo, menos el chofer que no podía darse ese lujo. De esas vacaciones no hablamos nunca mas, solo quedan de recuerdo, el mate que dice Gral Pringles y una piedra con un agujero por donde pasan los peces de colores.

Cualquier semejanza con la realidad es pura mala suerte.

Esta entrada es de ineditables.blogspot.com

febrero 21, 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

Mudanza

Los que me conocen saben que soy muy inquieto.
Los que no me conocen, sépanlo, soy muy inquieto.
Como les comentaba en este, Mi primer post, No eran muchas mis expectativas en el mundo de los blogs y pensaba que a lo sumo, entraría de vez en cuando algún curioso o alguien perdido en la red gracias a google o yahoo.
Pero como vieron ya algunos en este post donde me asombraba de haber tenido muchas más visitas de las esperadas, quise mejorar algunas cosas que no me gustaban.
Blogger tiene la ventaja de permitirnos publicar a los que no sabemos mucho de programación HTML, o nada. Pero La contra es que no permite modificar muchas cosas que yo quisiera.
Me hablaron de wordpress como una plataforma mucho más versátil y quise probar.
Ayer creé este otro blog sobre ella y pude mudar todo para acá. la dirección del viejo blog es:
http://ineditables.blogspot.com/. La verdad es que es excelente para trabajar.
Me gustaría que me contaran cuál les gusta más, si la nueva o la vieja versión.
Por el momento tienen el mismo contenido hasta que me decida por una de las dos o tal vez las use para temáticas diferentes.

Espero sus comentarios para ayudarme a decidir y háganle caso a la imágen de arriba, cuiden su vista.

febrero 10, 2009 Posted by | Algo al pasar, informática, no se si sabían, Uncategorized | | 16 comentarios

Vida cruel


¡Que cruel fue la vida conmigo!
Tanto tratar de ser buena gente…
¿Y para que?
Esa camilla se ve más cómoda de lo que es en realidad. Quisiera haber muerto de otra manera.
Manejé borracho muchas veces de joven. Muy borracho. Hasta manejé sobre la vereda en una noche muy muy descontrolada. Después de un festejo me subí al techo del auto de un amigo, que al subir a la autopista se olvidó que yo estaba arriba. Ahí me di cuenta para que servían las uñas.
La primera vez que manejé una moto, me metí en una avenida muy congestionada y corría entre los autos, esa tarde casi muero, pero no, tenía que ser así, que irónico.
Me faltó hacer paracaidismo, eso hubiese sido bueno. Venir en caída libre, cargado de adrenalina y enterarse en el último momento que el paracaídas no funciona.
¡Como me gustaba la altura!
De todas las formas de obtener adrenalina extra esa era una de las preferidas. y además me pagaban por subirme.
Hubiese sido inolvidable. “Si, el flaco que se cayó de la torre”. Así me hubiesen recordado, pero de esta forma…
Y además de haber muerto de la forma mas estúpida, no pasa nada. Ninguna luz que seguir, nadie que me esté esperando para llevarme, ni fantasma puedo ser, me hubiese gustado estar parado mirándome en la camilla y no viéndome reflejado en los azulejos.
Siento que me estoy enfriando, que todo pasa cada vez mas lento, muy poco interesante.
¿Debería haber creído en algo para ver esa luz?
¿Pero en que, en la Pacha Mama, Osiris, Buda?
Yo pienso…
¿que tiene mas valor, ser bueno porque de lo contrario tendrás un castigo, o serlo por convicción propia?
Viéndolo así, yo debería tener más mérito que un creyente. A mi nadie me prometió nada y no le hice mal a nadie, al menos no a propósito.
Si por lo menos me hubiese tomado esa botella de sidra.
Esa vez que me atropelló esa camioneta. Una fracción de segundo antes y me aplastaba, pero solo me raspé los codos.
Cuando me tiraron en la pileta los compañeros, yo no sabía nadar y veía como me hundía. Hubiese sido inolvidable para todos. Pero el que quedó como inolvidable fue el que me sacó. Quedó como el héroe el guacho y fue él el que me tiró.
Muchas veces saqué los corchos de las botellas con los dientes.
Tendría que haberme anotado en ese curso de pilotos de avión que deje pasar.
Así hubiese sido buena forma de morir.
Pero atragantarse con un corcho…
Solo a mi me pasa.

febrero 7, 2009 Posted by | Algo al pasar, alguna vez escribi..., Cuentos, humor, resultados del insomnio | 22 comentarios

La tortuga

Salí a caminar porque me sentía solo y el tedio me abrumaba. Afuera el sol resplandecía. Las nubes también pero más oscuros. Llegué al parque y me llené los bronquios de aire pura. Los ojos de los árboles se movían a impulso de una brisa fresca y delicado que hacía tintinear además los esqueletos de algunos insectos muertas contra fragmentos de botellas rotos. Me acerqué al lago y vi que una tortuga trataba de avanzar por el barro pugnando por llegar hasta el agua. No la dejé. Su caparazón era duro y su semblante inteligente y serena. Me la llevé para casa, a fin de paliar mi soledad. Cuando llegamos la puse en la bañera y me fui a buscar en la biblioteca un libro de cuentas para leerle. Ella escuchó atento, interrumpiéndome de vez en cuando para pedirme que repitiera alguna frase que le hubiese parecido especialmente hermoso. Luego me dio a entender que tenía hombre y ya me fui nuevamente al lago a buscar alga que le resultara apetecible. Recogí pasto y una planta de ojos verdes oscuras. También junté algún hormiga, por si acaso. De nuevo en casa, fui a llevar las cosas al baño, pero el tortuga no estaba allí. Lo busqué por todas partes, en el ropero, la refrigeradora, entre los sábanos, alfombras, vajillo, estantes, pero no hubo casa, no lo encontré. Entonces me vinieron deseos de ir al baño y los hice, pero cuando tirábamos la cadena comprobaste que el inodoro estaba tapada. Se les ocurrió entonces que the tortuga podía haberse metida allí. ¿Cómo rescatarlos? Salí de casa y caminé hasta encontrar una alcantarilla. Levantéi la tapa y me metisteis ahí. No habían luces. Caminéi. Los pies se me mojarán. Una rata morderói. Yo seguéi. “¡Tortuguéi, tortuguéi!”, gritéi. Nodie contestoy. Avancex. Olor del agua no ser como la del lago. “¡Tortugúy, vini morf papit!”, insistiti. Ningún resultoti. Expedición fútil.

Salí del cantarillo y en casa me limpí y me preparó cafés. Lo tomés a sorbo corta, mirondo televicián. En sópito ¿qué vemos in pantalla? Tortugot. “¿Cómo foi a parar alá?”, le preguntete. Y ella dijo
me ofri con dichosa contestaçao: “No por Allah: Budapest. Corolarius mediambienst cardinal e input fosforest”. A la que je la contesté “bon, but mut canalis et adeus, Manuelita”.
“¡Nai, nai!”, dictio tort, “eu program mostaza interesting”.
“Demostric”, pidulare.
Tons turtug bailó, candó, concertare, crobacía y magiares, asta que yo poli me zzz.
Leo Masliah
Este es uno de los dos cuentos que el autor coloca disponibles para bajar en su página . También el otro es así de extraño pero original. 
Yo lo conocía como músico, no sabía que escribía y veo que es tan original escribiendo textos como canciones.
A algunos les parecerá tonto, a otros un genio y a la mayoría, creo, totalmente intrascendente.
¿A ustedes que les pareció?

enero 30, 2009 Posted by | Cuentos, obras de arte | 30 comentarios

Semejanzas


Lo inmensamente grande se parece asombrosamente a lo inimaginablemente pequeño (me gusta esa palabra) y comencemos con el átomo.
Aunque existan diferencia de opinión aún sobre algunos aspectos de su forma se
parece muchísimo a un sistema solar.
Yendo hacia lo más grande vemos que varios átomos se juntan para formar moléculas, de la misma manera que varios sistemas solares se agrupan en galaxias. Aún más grande si pensamos en las aglomeraciones de galaxias que forman grupos, en los conjuntos de moléculas formando compuestos tenemos su analogía.
Y aquí mi primera duda. Si lo muy chico se parece tanto a lo muy grande y sabemos que en los compuestos no termina la cosa, muy por el contrario, es casi el comienzo, porque los compuestos forman partículas que forman células que forman tejidos y estos tejidos a nosotros mismos y así hasta el infinito. Busquemos en la imaginación el paralelo a esto en lo inmensamente grande. Tal vez lo que para nosotros sea el universo en realidad forme parte de una pequeña partícula que forme a su vez el cuerpo de un simple individuo ocupando algo que para él sea el universo.
Entonces puede ser que el big bang haya sido un estornudo o hipo del ser del que formamos parte.
Pero podemos imaginar también hacia el otro lado. Si un átomo se parece a un sistema solar y nosotros ocupamos algunos centímetros de un diminuto planeta dentro de éste. Podríamos, por qué no, pensar que dentro de cada átomo que nos compone, puede existir un mundo lleno de seres que en este momento estén pensando sobre algunas semejanzas.

enero 28, 2009 Posted by | Algo al pasar, alguna vez escribi..., infinitos, resultados del insomnio | 17 comentarios

No se si sabían-Borrado seguro de datos.

La información que guardamos en un disco rígido (el soporte donde se guardan los datos en nuestra computadora) se almacena como unos o ceros. Eso seguramente si lo sabían, pero la forma en que la información se organiza es algo particular.

Existe una parte del disco que es una tabla donde figura, en que posición se encuentra cada dato, a eso se le llama FAT(File Allocation Table).
¿De que me sirve saber eso?
Ya va, téngame paciencia. Cuando borramos un archivo de nuestro disco, los datos no se borran. En realidad, lo único que sucede es que se cambia la FAT. O sea, la máquina ahora ve que ese espacio donde estaban los datos ahora figura como vacía y puede usarse.
La mayoría de nosotros no oculta cosas de vida o muerte.
¿Ah, usted si?
Entonces lea lo que sigue. 
Se pueden recuperar datos borrados de un disco. Lo que usted borro para eliminar evidencias sigue estando ahí. Hasta hace un tiempo sólo especialistas de informática forense podían hacerlo, pero ya no. Existen simples programas que permiten ver todo lo borrado del disco.
Entonces salieron programas que eliminaban de forma segura los datos. Lo que hacen es además de borrar el archivo, sobreescribir los datos y volverlos a borrar para así no dejar huella.
Acá no termina la historia, porque puede volverse a saber lo que había debajo de esos datos, ya no de forma tan simple, pero un técnico en seguridad lo puede hacer. Lo que hace un programa de eliminación segura de datos actual es borrar y sobreescribir mas de 30 veces.
Supongo que después de eso es imposible recuperar los datos, pero si usted tiene una carta personal enviada por Antonini Wilson o Bin Laden, debería acometer contra su rígido con un martillo de varios kg. Es lo único seguro…por ahora.
Aquí un especialista en este tema nos ofrece herramientas para borrado seguro.
Deben ser muchas las personas con problemas de este tipo porque existen empresas como esta que viven de recuperar y eliminar información.

enero 26, 2009 Posted by | informática, no se si sabían, seguridad | 19 comentarios

El raro del barrio- Capítulo 4

Cuando Luciano cumplió 5 años llegó su hermano y no es raro que luego de ser el rey de la casa durante toda su vida, este acontecimiento le resultara un cambio poco feliz.
En el primer momento estaba todo bien, toda la familia estaba feliz pero no tardarían en llegar los problemas.
A diferencia de su hermano mayor, Dieguito era terriblemente simpático, muy dado con todos y siempre estaba de buen humor.
Para empeorar las cosas las visitas preguntaban siempre lo mismo.
-¿Estas contento con tu hermanito?
Eso y que le apretaran los cachetes era un karma.
Antes Luciano iba y venía a su antojo con los amigos, pero en cuanto Dieguito creció, se hizo común la frase de sus padres.
Llevalo a Dieguito.
Nooo ma. ¿Que hago con él?
-Pero llevalo pobrecito, no ves que quiere ir con vos? Aparte él no te molesta.
Pero Luciano ya era grande, hablaban cosas de grandes con los amigos, ya tenían como 8 años.
Él no entendía porqué, si él pudo arreglarse solo por 5 años, su hermano menor tenía que estar siempre detrás suyo.
Pero tampoco sería demasiado normal su reacción para con el nuevo Iribarren. Luciano simplemente lo ignoraba. Al menos hasta que le encontró utilidad.
El pobre Diego corría siempre detrás de su hermano y quería participar en todo lo que él hacía. Para colmo, casi todos los amigos de la cuadra eran de la edad de Luciano y solo dos o tres más chicos como Diego.
Cuando había algún juego que necesitaba un sirviente que hiciera lo que los otros no querían, ahí entraba el Iribarren mas chico.
La terraza de la casa siempre fue un buen lugar para ellos. Era el segundo piso de la casa, la más alta de la cuadra y desde ahí se veía todo.
Jugar al tiro al blanco es muy divertido, tirarle a una pila de latas por ejemplo. El único inconveniente es tener que ir a acomodar las latas.
¿Pero para qué estaba Diego?
Así que con tal de que su hermano mayor lo dejara jugar con él, Dieguito incansablemente se paraba y las acomodaba. Alguna vez tiraba también el.
El arma era un rifle de aire comprimido de los más chicos y estaba en la casa desde siempre. El padre era aficionado a las armas y desde chicos todos sabían usarlas.
Dejame a mí, vos tiraste muchas veces. Decía Dieguito.
-Bueno, dale, pero apoyalo en la rodilla porque no vas a poder sostenerlo.
Así Luciano lo ayudaba a sostener el rifle para que pudiera dar en el blanco.
Cada vez que se caían las latas el chiquito se paraba de un salto para ir a apilarlas de nuevo. Desgraciadamente Luciano se aburría con facilidad y en su cabeza apareció una idea. Su hermano agachado acomodando las latas le ofrecía un blanco más apetecible que las latas inmóviles.
¿Le hará algo? Se preguntaba para sí.
Durante dos o tres oportunidades la precaución le ganó a la tentación. Pero a la siguiente.
¡Plaf! Una aureola roja en la nalga de Dieguito y Leandro corriendo a taparle la boca para que no grite y convencerlo de que no le cuente a los padres.
Pero también lo defendía, mas de una vez termino trenzado con alguno de los amigos porque él si podía tratarlo mal y echarlo, pero nadie más.
Cuando se iban a la casa del campo la cosa cambiaba. Podían estar todo el día juntos en armonía. Dieguito siempre detrás como una sombra pero como estaban ellos dos solos se divertían juntos. Ahí podían ir a pescar ranas, eso les encantaba. Cerca de la casa del campo había unos charcos donde crecía el berro, una verdura que a los padres les gustaba y solían ir a juntar. También aprovechaban para llevarse unas cañas improvisadas y una serie de carnadas para experimentar cuál daba mejor resultado.
Durante todos los años que tuvieron esa casa en el campo, jamás pescaron una sola rana.
La diversión estaba en ir a buscar las cañas, elegirlas, pelarlas, armarlas y el viaje hasta los bañados.

enero 25, 2009 Posted by | Cuentos, el raro del barrio | 14 comentarios